martes, 29 de julio de 2008

EL CAJÓN ES PERUANO

Siempre me consideré hija de un hombre negro, de Julio César Gómez Briceño. Y no sólo por el hombre, sino porque en mí, en lo más profundo de mi ser surgía un algo, un no sé qué…, que me decía: eres también negra aunque amarilla sea tu piel, por lo que el movimiento para mis queridas danzas Afro Peruanas me salían sin pensármelo dos veces.
Ahora sé que de verdad que no soy negra, pero sí que llevo en mi sangre, sangre bohemia. Puede que por eso me gustase tanto el baile y las jaranas de rompe y raja; jaranas criollas que ya no se oscilan en mi querida Lima.
Por eso hoy, quiero recordar con especial agrado, a mi CAJON AFROPERUANO reconocido comto tal desde el 2001 como Patrimonio Nacional. Tuve la suerte de pasar como alumna de clases libres cuando por entonces sólo era El Instituto Nacional de Danzas José María Argüidas aún situado en el distrito de Lince y ver una bella y rítmica Zamacueca bailada por alumnos de cursos avanzados de dicho Instituto. Sus movimientos elegantes, contundentes, definidos, acordes y rítmicos, llenos de algarabía; me inundaron de gozo y me hicieron vibrar.
Mas allá de los bailarines, fijé mi mirada en unos alumnos de raza negra vestidos de inmaculado blanco, tocando cada uno de ellos ¡sacándole la vida", haciendo “hablar un sonoro y aparentemente sencillo instrumento" sobre el cual yacían sentados; llamado ¡Cajón! Desde entonces me prometí que le dedicaría algún día aunque fuesen unas líneas a mi amado Cajón Afro Peruano. Escribe Rafael Santa Cruz quién es autor del libro “el Cajón Afro peruano”; que Anastasio Fuentes estudioso de la Lima de los 800, publicó en 1867, un escrito que hacía referencia a la Zamacueca y cómo en ella ya se apreciaba entre otros dos instrumentos la presencia del Cajón. Esta observación fue ratificada en 1870 y documentada por el músico Claudio Rebagliati, además existe una foto que corrobora éstos estudios que data del año 1895 apreciandose con el grupo musical llamado La Palizada. Don Nicomedes Santa Cruz, escribía en una sus décimas qué escuché a él mismo declamar: ...Y en América del Sur al golpe de sus dolores dieron los negros tambores ritmos de la esclavitud.
Aquí Don Nicomedes Santa Cruz señala como los negros, quienes nunca perdieron su alegría y no olvidaron su origen y cultura, utilizan todo lo que les sugiría ritmo. Así crean música y bailes; siendo sus sensuales movimientos corporales, sus profundas voces y pesadas manos que tanto los caracterizan, lo que les permita recrear inteligentemente, nuevos ritmos y costumbres en el Perú. Escribe Rafael Santa Cruz, cómo se las ingenian para conseguir instrumentos de percusión imitando a algunos de los dejados en África y para no llamar la atención de sus colonos, utilizan rústicas cajas de transporte de mercaderías no utilizamdo de esta manera piel de animal.
Es así como van evolucionando aquellas cajas, puliendo sus bastos sonidos hasta conseguir el contundente, sonoro, vibrador y estremecedor sonido del actual Cajón Afro peruano. Fue Doña Victoria Santa Cruz Gamarra, quien se encargaría de difundir a nivel internacional e impulsar las bondades del Cajón, haciéndose por él acompañar en sus giras con su grupo de Teatro y Danzas Negras del Perú y luego con el Conjunto Nacional de Folklore.
Siempre resonará en mi memoria, serán los zapateos, que de negros he visto bailar, acompañados siempre de un cajoneador con su cajón. Por ello no quiero dejar de mencionar a un gran zapateador que acompañado sólo de cajón creara tan hermosos bailes haciéndolos música para mis oídos, cómo es Don Ronaldo Campos de la Molina fallecido ya, y Reynaldo Barrenechea cantor también de marinera limeña, fallecido ya. Hoy 29 de julio, en que como año tras año desde ya no sé cuántos años…, se celebra el desfile por motivo de la independencia del Perú; he querido rendirle un homenaje con la añoranza de saberme fuera de mi Patria, de saberme que ya no soy negra, pero que negra quisiera ser por el orgullo que tengo de mi Cajón Afro peruano.

Isabel Gómez

1 comentario:

psicoisapecat dijo...

Para mí, este artículo, ha sido un grato reencuentro con mis raíces, con mi sangre, con migo misma.
Isabel Gómez