martes, 15 de octubre de 2013

AREQUIPA, ¡POR FIN TE ENCUENTRO!


Esperar más de una década para reencontrarme con una de mis ciudades más amadas de Perú, como lo es Arequipa ha sido una de los reencuentros con más sorpresas que hasta ahora me he llevado en mi vida.
Su íntegro e intenso sentido de identidad, la fecundidad de su tierra, la belleza de la misma, la nobleza de su gente, su clima constante y saludable entre otros muchos factores, en su día, hicieron que me enamorase de ella.




No obstante, sus recovecos que aún conserva muy en el seno de su tierra, hacen posible que siga teniendo en ella y en su gente el cariño de siempre y con él,  la esperanza de que algún día no muy lejano, despertarán del falso sueño de los que muchos consideran, otorga un crecimiento urbanístico y desarrollo ficticio  en toda una fecunda ciudad, con la esperanza de que vuelvan sus ojos a sus orígenes campesinos y especialmente, a su sentido de identidad. 


Hasta hace unos años, en ella sólo se apreciaban extensos campos de cultivos, campiñas que a la vista se perdían en el horizonte iniciándose muchas de estas entre pendientes inestables, estrechas y de peligrosas carreteras o caminos terrosos, que hacían de cada tramo, una auténtica travesía de vida con los suspenses propios de un viaje de riesgo por más corto y breve que fuese éste.
Mientras podía atravesar sus campos de cultivo, se apreciaban lo que los pobladores le denominaban ojos de río, es decir, agua subterránea u orígenes a nuevos puntos de manantiales que enriquecía sus tierras y cosechas tras un seguro regadío. Ahora, sobre éstos ojos de río, yacen urbanizaciones, que, pese a los pocos años de construidas, ya presentan signos de humedades. ¿Qué serán de ellas y de sus ilusos inversores. 

Me pregunto, ¿cuán serios han sido los estudios que se han realizado sobre estas extensas ex áreas de cultivo que albergaban también acequias, ríos secos, entre otros, antes de construirse sobre ellos?
¿Hemos de aquí, a unas décadas, el tener que lamentar vidas, familias sin techo, hogares en penumbras por causas de catástrofes naturales que en su día bien pudieron evitarse.





La expresión que guardo en mi corazón a lo largo de estos días es: ¡Qué han hecho de ti tus hijos, Arequipa mía!
Estoy  favor del progreso de las ciudades ya estaban tugurizadas, que requerían de un orden, de un mínimo de infraestructuras y servicios básicos para verse y hacerse organizadas.



Como en antaño, los suburbios hoy son seguros, lo inseguro, son las zonas en donde emergen nuevas construcciones.
Defiendo la tierra de cultivo sea del lugar que sea, puesto que ésta, es la única que garantizará que mañana (cuando la ceguera de la aparente abundancia haya pasado), no sólo su pueblo, su gente, sino que muchos seres más, puedan evitar pasar hambre, ya que la tierra fértil y cultivable, no sólo da alimento a las personas, sino también a los animales que de ellos nos alimentamos. 




Tenemos una sociedad urbanita, aquellos que sólo vamos al campo para contemplarlo más no para trabajarlo, la responsabilidad de crear consciencia de la importancia del valor de la tierra y de lo digno que es este trabajo. La responsabilidad de crear medios para que, quienes salgan a formarse del campo a la ciudad, puedan volver con recursos técnicos e intelectuales que les permita a sus lugares de origen crear desarrollo, crecimiento integral, procurando en todo momento el afianzamiento de lo que es el valor añadido de tener un origen y un signo de identidad. Que puedan volver a sus tierras para convertirlas en zonas más productivas, autosostenibles, autogestinables, que se muevan ante los ciclos que la naturaleza permite, favoreciendo a todos aquellos que de manera cercana e inmediata se beneficien de ella.



Es necesario incentivar la vuelta a los orígenes, a las tierras de cultivo, con la tecnología necesaria y respetuosa para con el medio ambiente, sólo de esa manera una ciudad como mi amada Arequipa, seguirá siendo próspera, segura, tanto para sus pobladores como a todos aquellos a quienes generosamente acogen.

Deseo mi bella Arequipa, contemplar una vez más tu campiña, tus manantiales, tus casas de sillar, tus restaurantes con suelo de barro y mucho más tus calles de los denominados adoquines, tus suelos blancos segadores, también hechos de sillar.


María Isabel Gómez Castillo
Fotografías de María Isabel Gómez Castillo. 

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