"El bienestar de la persona, implica su restauración integral, de manera armónica, coherente y fluida." Psicóloga, María Isabel Gómez Castillo
martes, 26 de mayo de 2015
lunes, 18 de mayo de 2015
domingo, 10 de mayo de 2015
PALABRAS DE AMOR - ROSARIO - TEATRE DEL LICEO 2008 TVE1
Esta canción la recojo para mis niños enamorados que necesitan recordar la belleza que entraña la inocencia del amor.
Isabel Gómez
https://www.youtube.com/watch?v=ndIHsELruNc&list=RDhSqY7WFFpmE&index=7
viernes, 8 de mayo de 2015
sábado, 2 de mayo de 2015
Cuando Te Digan "Tu No Puedes" Mira Este Video
}
Buen material para trabajar como tema motivador el acoso laboral o escolar.
Pienso que es acertado en su intensión abordando la realidad de la baja autoestima por ambas partes, más la frustración que procura la persona en su dolor personal, hacer que otros, sean partícipes de su amargura.
Interesante y recomendable.
Isabel Gómez
Buen material para trabajar como tema motivador el acoso laboral o escolar.
Pienso que es acertado en su intensión abordando la realidad de la baja autoestima por ambas partes, más la frustración que procura la persona en su dolor personal, hacer que otros, sean partícipes de su amargura.
Interesante y recomendable.
Isabel Gómez
jueves, 23 de abril de 2015
Lolita y Rosario cantan "Qué bonito"-Gala "Música para mi madre"-
Si las familias de hoy tuviesen presente el empuje de este modelo de familia para procurar la unidad, será maravilloso.
Si los padres jóvenes recordasen la bellaza que implicaba el amar entre dos de manera sincera sincera con un compromiso hacia la perpetuidad, el mundo sería otro.
La letra de esta hermosa canción es para recordarles a la familia que, todo es posible que sea bonito, sólo con amor de verdad.
¡Felíz día de San Jordi!
¡Felíz día de San Jordi!
Isabel Gómez Castillo
https://www.youtube.com/watch?v=okdL311i6PM&list=RDhSqY7WFFpmE&index=9lunes, 13 de abril de 2015
"DESCONEXIÓN" Corto Ganador de varios Premios Internacionales HD
Excelente corto que muestra valores contrapuestos en realidades individuales en donde circunstancias imprevistas permite ver por una parte, la indiferencia hacia la vida, mientras que por otro, la lucha e impotencia humana por preservarla.
En el presente corto, ser recoge con claridad en donde a día de hoy, buena parte de los hombres tienen su mente y valores puestos.
Estoy segura que gustará y dará pié para un buen debate.
Isabel Gómez Castillo-
viernes, 10 de abril de 2015
Texto completo de la catequesis del Papa en la audiencia del miércoles 8 de abril. ZENIT
http://www.zenit.org/es/articles/texto-completo-de-la-catequesis-del-papa-en-la-audiencia-del-miercoles-8-de-abril
El mundo visto desde Roma
(...)
El Santo Padre afirma que los niños pagan el precio de 'uniones inmaduras y de separaciones irresponsables'. El Señor juzga nuestra vida escuchando lo que refieren los ángeles de los niños
iudad del Vaticano, (Zenit.org) Redacción | 1854 hits
Publicamo a continuación la catequesis de la audiencia general.
Queridos hermanos y hermanas,
en la catequesis sobre la familia completamos hoy la reflexión sobre los niños, que son el fruto más bonito de la bendición que el Creador ha dado al hombre y a la mujer. Ya hemos hablado del gran don que son los niños, hoy debemos lamentablemente hablar de las “historias de Pasión” que viven muchos de ellos.
Muchos niños desde el principio son rechazados, abandonados, despojados de su infancia y de su futuro. Alguno osa decir, casi para justificarse, que ha sido un error hacerles venir al mundo. ¡Esto es vergonzoso! ¡No descarguemos sobre los niños nuestras culpas! Los niños no son nunca “un error”. Su hambre no es un error, como no lo es su pobreza, su fragilidad, su abandono; y no lo es ni siquiera su ignorancia, o su incapacidad. Muchos niños no saben lo que es una escuela.
En todo caso, se trata de motivos para amarlos más, con mayor generosidad. ¿Qué hacemos con las solemnes declaraciones de los derechos del hombre y del niño, si después castigamos a los niños por los errores de los adultos?
Aquellos que tienen la tarea de gobernar, de educar, pero diría todos los adultos, somos responsables de los niños y de hacer lo que cada uno de nosotros pueda para cambiar esta situación. Me refiero a la pasión de los niños. Cada niño marginado, abandonado, que vive por la calle mendigando e intentando sobrevivir de cualquier manera, sin escuela, sin atención médica, es un grito que sube a Dios y que acusa el sistema que hemos construido. Y lamentablemente estos niños son presa de criminales, que les explotan para el tráfico y el comercio indigno, y los adiestran para la guerra y la violencia.
Pero también en los países, así llamados, ricos, muchos niños viven dramas que les marcan de una forma muy fuerte, por la crisis de la familia, de los vacíos educativos y de condiciones de vida a veces deshumanas. En cualquier caso, son infancias violadas en el cuerpo y en el alma. ¡Pero ninguno de estos niños es olvidado por el Padre que está en el cielo! ¡Ninguna de sus lágrimas se pierde!, como tampoco se pierde nuestra responsabilidad, la responsabilidad social de las personas y de los países.
Una vez Jesús regañó a sus discípulos porque alejaban a los niños que los padres le llevaban para que les bendijera. Es conmovedora la narración evangélica: “Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron, pero Jesús les dijo: ’Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos’. Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí. ¡Qué bonita esa confianza de los padres, y esta respuesta de Jesús! ¡Cómo quisiera que esta página se convirtiera en la historia normal de todos los niños!
Es verdad que gracias a Dios los niños con graves dificultades encuentran muy a menudo padres extraordinarios, preparados para cualquier tipo de sacrificio y de generosidad. ¡Pero no se debería dejar solos a estos padres!, deberíamos acompañar su fatiga, pero también ofrecerles momentos de alegría compartida y de alegría despreocupada, para que no sean presos solo de la rutina terapéutica.
Cuando se trata de los niños, en cualquier caso, no se deberían escuchar esas fórmulas de la defensa legal de oficina tipo: ‘Después de todo, no somos una organización benéfica” o “En lo privado, cada uno es libre de hacer lo que quiere” o también “Lo sentimos, no podemos hacer nada”. Estas palabras no sirven cuando se trata de niños.
Demasiado a menudo en los niños recaen los efectos de la vida de un trabajo precario o malpagado, de horarios insostenibles, de transportes ineficientes… Pero los niños pagan también el precio de uniones inmaduras y de separaciones irresponsables, son las primeras víctimas. Sufren los resultados de la cultura de los derechos subjetivos exasperados, y se convierten después en hijos más precoces. A menudo absorben una violencia que no son capaces de “disponer”, y bajo los ojos de los de los grandes están obligados a acostumbrarse a la degradación.
También en esta época, como en el pasado, la Iglesia pone su maternidad al servicio de los niños y de sus familias. A los padres y a los hijos de este nuestro mundo lleva la bendición de Dios, la ternura materna, el reproche firme y la condena decidida. Hermanos y hermanas, pensemos bien: ¡Con los niños no se bromea!
Pensemos como sería una sociedad que decidiera, de una vez por todas, establecer este principio: “Es verdad que nos somos perfectos y que cometemos muchos errores. Pero cuando se trata de los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos se juzgará demasiado costoso o demasiado grande, para evitar que un niño piense que es un error, que no vale nada y estar abandonado a las heridas de la vida y a la prepotencia de los hombres”. Que bonita sería esta sociedad. Yo creo que a esta sociedad, mucho le sería perdonado por sus innumerables errores. Mucho, de verdad.
El Señor juzga nuestra vida escuchando lo que refieren los ángeles de los niños, ángeles que “ven siempre el rostro del Padre que está en los cielos". Preguntémonos siempre: ¿Qué contarán a Dios de nosotros estos ángeles de los niños?
(08 de abril de 2015) © Innovative Media Inc.
http://www.zenit.org/es/articles/texto-completo-de-la-catequesis-del-papa-en-la-audiencia-del-miercoles-8-de-abril
martes, 7 de abril de 2015
¿Qué es la madurez humana? Por: Catholic.net | Fuente: Catholic.net
¿Qué es la madurez humana?
La Madurez Humana
http://es.catholic.net/op/articulos/43144/que-es-la-madurez-humana
Además de ser el cementerio de buenos proyectos, la falta de madurez es causa de inestabilidad y frustración en la vida
Por: Catholic.net | Fuente: Catholic.net
Por: Catholic.net | Fuente: Catholic.net
Hecha la opción fundamental, el siguiente paso es ser coherente con ella, pero el hombre como “imago Dei” , imagen de Dios difuminada por el pecado debe trabajar toda su vida para adquirir esta coherencia.
Ahora bien, éste trabajo de identificación con la opción por Dios y por la vida virtuosa necesita como plataforma y cimiento de construcción, la madurez humana.
Todos conocemos hombres y mujeres que tienen el deseo de vivir de acuerdo con lo que creen, de practicar las virtudes, de conseguir sus metas e inexplicablemente no lo logran a pesar de tener el deseo profundo de lograrlo. Lo que sucede es que falta la formación y madurez humana, faltan los cimientos sobre los cuales poder construir el gran edificio de la santidad y del logro de ser fiel a esa opción fundamental que se ha hecho.
Es un hecho que la gracia de Dios es lo que más perfecciona al hombre, pero la gracia no tiene sentido sin el hombre. Necesita un hombre maduro como tierra fecunda para que crezca la semilla. Sin esta base, todo se queda en buenos deseos y buena voluntad, pero nada más. ¡Cuántas personas conocemos que han llegado a fracasos morales, económicos, familiares, sabiendo buen lo que querían y debían hacer, pero sin haber puesto los medios necesarios para realizarlo! Todo esto se debe en gran parte a la falta de madurez humana.
Además de ser el cementerio de buenos proyectos, la falta de madurez es causa de inestabilidad y frustración en la vida, pues una persona que vive según las pasiones, según las impresiones del momento, no puede hacer una opción en la vida sin dejar de replanteársela, ponerla en duda, traicionarla, muchas veces, perdiendo así tiempo y energías en una serie de obras emprendidas y nunca terminadas.
¿Qué es la madurez humana?
La madurez humana consiste en la coherencia entre lo que se es y lo que se profesa, y que tiene su expresión externa más convincente en la fidelidad y responsabilidad en el cumplimiento de los compromisos y deberes contraídos con Dios, con la Iglesia y con los hombres. Para ello es necesario hacer un esfuerzo constante para lograr la capacidad de tomar prudentes decisiones y opciones definitivas, la estabilidad de espíritu, la integración serena de las fuerzas emotivas y de los sentimientos bajo el dominio de la razón y de la voluntad, de la fe y de la caridad, la actitud de apertura y donación constante a los demás, sin excepción de personas, y la rectitud en el modo de juzgar sobre las personas y sobre los acontecimientos de la vida.
La madurez no es una cualidad única, sino una virtud formada por muchos y variados aspectos. Es una gama de actitudes ante la vida.
El Vaticano II describe así estas cualidades: estabilidad de espíritu; capacidad para tomar decisiones prudentes; y rectitud en el modo de juzgar sobre los acontecimientos y los hombres.
Ideas erróneas sobre la madurez humana
Estas son algunas ideas erróneas sobre la madurez que pueden tener nuestros alumnos y que es necesario que mediante nuestra labor se vayan clarificando.
Para algunos la madurez consiste en llegar a una edad en la que se puede hacer todo lo que se quiera, sin límite.
A veces sucede que, llegando a cierta edad, el joven es considerado automáticamente “maduro”, lo cual implica el derecho a consumir bebidas alcohólicas y frecuentar ciertos lugares reservados para personas “maduras”.
El error fundamental en estos casos, es una concepción unilateral de la madurez. Quienes así piensan se preocupan más de lo que se puede hacer que del por qué hacerlo. Ser maduro es mucho más que poder realizar ciertos actos considerados maduros. En realidad, lo importante es que el joven que llega a esta edad sepa no solamente lo que puede hacer, sino por qué y en función de qué puede hacerlo.
El uso de las cosas tiene que estar determinado por un fin que el mismo hombre pone, y no viceversa. El hombre no toma cualquier carretera por el mero hecho de tener un coche. Para saber qué carretera tomar, es preciso tener una idea de dónde quiere ir. Por eso, es necesario que el joven tenga claro un objetivo de lo que se pretende en la vida, lo cual determinará el uso de los medios que tiene.
Algunas cualidades de la madurez humana.
1. Una persona madura se nos presenta como alguien que ha adquirido la capacidad habitual de obrar libremente. Es decir, una persona que hace opciones conscientes y responsables, con estabilidad, sin tener que pasarse la vida replanteándose sus decisiones, sin adquirir una seguridad y una certeza sobre ellas. Esto no se trata de no cometer nunca errores o de no cambiar nunca de opinión, sino de tener claros algunos principios fundamentales en la vida.
2. Una persona madura ha logrado la adquisición de un dócil y habitual autocontrol emotivo con la integración de las fuerzas emotivas bajo el dominio de la razón. La persona madura no vive a merced de sentimentalismo, impulsos o tendencias, sino que vive de principios, de dominio personal, ce convicciones aunque a veces los sentimientos quieran dominarla. No se aferra a sentimientos o pasiones del momento y recuerda siempre sus principios y su orientación y estado de vida.
3. Una persona madura se comporta según la autonomía de la propia conciencia personal, es decir, según los dictámenes de una conciencia rectamente formada a la luz de la ley natural y de la fe en Dios. El hombre maduro es capaz de sacar de su interior juicios rectos sobre los acontecimientos y los hombres. Es el que no depende de los criterios de moda o las ideas llamativas que pululan a su alrededor, desde los grandes acontecimientos hasta las cosas normales y cotidianas.
4. Una persona madura vive en actitud de donación y de apertura, de servicio, de entrega a los demás. Rechaza todo tipo de egoísmo, de encerramiento en sí mismo, de particularismo y de individualismo. En este punto reside la verdadera madurez cristiana, ya que en ocasiones podemos encontrar personas con control, autonomía, que han hecho una opción en la vida aparentemente noble y viven de acuerdo a ella, pero todo centrados en sí mismos. En este caso no es una verdadera madurez cristiana. La principal señal de madurez cristiana es la capacidad de salir de nosotros mismos y ver por las necesidades de los demás.
Estos son algunos de los rasgos más destacados de lo que hemos llamado la personalidad madura, podemos decir en resumen que la persona madura es la que ha aceptado su vida, ha hecho una opción fundamental correcta y es fiel a la misma. Aquella que ha adquirido un control emotivo y no es esclava de sus sentimientos y pasiones, que viene en una actitud de apertura a los demás y sobre todo en una entrega desinteresada y servicial al prójimo.
Esta persona vive en paz y serenidad, firme en sus opciones, coherente con sus determinaciones. Para el cristiano maduro, el único fin en la vida es Dios, las demás cosas son sólo medios para alcanzar su fin.
Todo este catálogo de cualidades y virtudes no se presuponen. Para adquirirlas el hombre tiene que convencerse de la necesidad fundamental de trabajar. Pero trabajar de una manera eficaz, es decir, colaborando activamente con la gracia de Dios. Así se puede lograr y encarnar esta personalidad madura en la vida como podemos constatar en las vidas de los santos, que son, por ende, grandes hombre.
Donde hay un cristiano maduro, hay un hombre auténtico. La autenticidad de vida es el fruto de un cristiano convencido y maduro.
Ahora bien, éste trabajo de identificación con la opción por Dios y por la vida virtuosa necesita como plataforma y cimiento de construcción, la madurez humana.
Todos conocemos hombres y mujeres que tienen el deseo de vivir de acuerdo con lo que creen, de practicar las virtudes, de conseguir sus metas e inexplicablemente no lo logran a pesar de tener el deseo profundo de lograrlo. Lo que sucede es que falta la formación y madurez humana, faltan los cimientos sobre los cuales poder construir el gran edificio de la santidad y del logro de ser fiel a esa opción fundamental que se ha hecho.
Es un hecho que la gracia de Dios es lo que más perfecciona al hombre, pero la gracia no tiene sentido sin el hombre. Necesita un hombre maduro como tierra fecunda para que crezca la semilla. Sin esta base, todo se queda en buenos deseos y buena voluntad, pero nada más. ¡Cuántas personas conocemos que han llegado a fracasos morales, económicos, familiares, sabiendo buen lo que querían y debían hacer, pero sin haber puesto los medios necesarios para realizarlo! Todo esto se debe en gran parte a la falta de madurez humana.
Además de ser el cementerio de buenos proyectos, la falta de madurez es causa de inestabilidad y frustración en la vida, pues una persona que vive según las pasiones, según las impresiones del momento, no puede hacer una opción en la vida sin dejar de replanteársela, ponerla en duda, traicionarla, muchas veces, perdiendo así tiempo y energías en una serie de obras emprendidas y nunca terminadas.
¿Qué es la madurez humana?
La madurez humana consiste en la coherencia entre lo que se es y lo que se profesa, y que tiene su expresión externa más convincente en la fidelidad y responsabilidad en el cumplimiento de los compromisos y deberes contraídos con Dios, con la Iglesia y con los hombres. Para ello es necesario hacer un esfuerzo constante para lograr la capacidad de tomar prudentes decisiones y opciones definitivas, la estabilidad de espíritu, la integración serena de las fuerzas emotivas y de los sentimientos bajo el dominio de la razón y de la voluntad, de la fe y de la caridad, la actitud de apertura y donación constante a los demás, sin excepción de personas, y la rectitud en el modo de juzgar sobre las personas y sobre los acontecimientos de la vida.
La madurez no es una cualidad única, sino una virtud formada por muchos y variados aspectos. Es una gama de actitudes ante la vida.
El Vaticano II describe así estas cualidades: estabilidad de espíritu; capacidad para tomar decisiones prudentes; y rectitud en el modo de juzgar sobre los acontecimientos y los hombres.
Ideas erróneas sobre la madurez humana
Estas son algunas ideas erróneas sobre la madurez que pueden tener nuestros alumnos y que es necesario que mediante nuestra labor se vayan clarificando.
Para algunos la madurez consiste en llegar a una edad en la que se puede hacer todo lo que se quiera, sin límite.
A veces sucede que, llegando a cierta edad, el joven es considerado automáticamente “maduro”, lo cual implica el derecho a consumir bebidas alcohólicas y frecuentar ciertos lugares reservados para personas “maduras”.
El error fundamental en estos casos, es una concepción unilateral de la madurez. Quienes así piensan se preocupan más de lo que se puede hacer que del por qué hacerlo. Ser maduro es mucho más que poder realizar ciertos actos considerados maduros. En realidad, lo importante es que el joven que llega a esta edad sepa no solamente lo que puede hacer, sino por qué y en función de qué puede hacerlo.
El uso de las cosas tiene que estar determinado por un fin que el mismo hombre pone, y no viceversa. El hombre no toma cualquier carretera por el mero hecho de tener un coche. Para saber qué carretera tomar, es preciso tener una idea de dónde quiere ir. Por eso, es necesario que el joven tenga claro un objetivo de lo que se pretende en la vida, lo cual determinará el uso de los medios que tiene.
Algunas cualidades de la madurez humana.
1. Una persona madura se nos presenta como alguien que ha adquirido la capacidad habitual de obrar libremente. Es decir, una persona que hace opciones conscientes y responsables, con estabilidad, sin tener que pasarse la vida replanteándose sus decisiones, sin adquirir una seguridad y una certeza sobre ellas. Esto no se trata de no cometer nunca errores o de no cambiar nunca de opinión, sino de tener claros algunos principios fundamentales en la vida.
2. Una persona madura ha logrado la adquisición de un dócil y habitual autocontrol emotivo con la integración de las fuerzas emotivas bajo el dominio de la razón. La persona madura no vive a merced de sentimentalismo, impulsos o tendencias, sino que vive de principios, de dominio personal, ce convicciones aunque a veces los sentimientos quieran dominarla. No se aferra a sentimientos o pasiones del momento y recuerda siempre sus principios y su orientación y estado de vida.
3. Una persona madura se comporta según la autonomía de la propia conciencia personal, es decir, según los dictámenes de una conciencia rectamente formada a la luz de la ley natural y de la fe en Dios. El hombre maduro es capaz de sacar de su interior juicios rectos sobre los acontecimientos y los hombres. Es el que no depende de los criterios de moda o las ideas llamativas que pululan a su alrededor, desde los grandes acontecimientos hasta las cosas normales y cotidianas.
4. Una persona madura vive en actitud de donación y de apertura, de servicio, de entrega a los demás. Rechaza todo tipo de egoísmo, de encerramiento en sí mismo, de particularismo y de individualismo. En este punto reside la verdadera madurez cristiana, ya que en ocasiones podemos encontrar personas con control, autonomía, que han hecho una opción en la vida aparentemente noble y viven de acuerdo a ella, pero todo centrados en sí mismos. En este caso no es una verdadera madurez cristiana. La principal señal de madurez cristiana es la capacidad de salir de nosotros mismos y ver por las necesidades de los demás.
Estos son algunos de los rasgos más destacados de lo que hemos llamado la personalidad madura, podemos decir en resumen que la persona madura es la que ha aceptado su vida, ha hecho una opción fundamental correcta y es fiel a la misma. Aquella que ha adquirido un control emotivo y no es esclava de sus sentimientos y pasiones, que viene en una actitud de apertura a los demás y sobre todo en una entrega desinteresada y servicial al prójimo.
Esta persona vive en paz y serenidad, firme en sus opciones, coherente con sus determinaciones. Para el cristiano maduro, el único fin en la vida es Dios, las demás cosas son sólo medios para alcanzar su fin.
Todo este catálogo de cualidades y virtudes no se presuponen. Para adquirirlas el hombre tiene que convencerse de la necesidad fundamental de trabajar. Pero trabajar de una manera eficaz, es decir, colaborando activamente con la gracia de Dios. Así se puede lograr y encarnar esta personalidad madura en la vida como podemos constatar en las vidas de los santos, que son, por ende, grandes hombre.
Donde hay un cristiano maduro, hay un hombre auténtico. La autenticidad de vida es el fruto de un cristiano convencido y maduro.
http://es.catholic.net/op/articulos/43144/que-es-la-madurez-humana
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