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lunes, 5 de julio de 2021

A mis maestros (en el día del maestro peruano)

 

A ti maestro,

que me enseñaste a picar canteras

desde la fricción de mi corazón,

 y a conseguir luminosos fuegos

que candentes abracen la esperanzan desde sus cenizas.

Tú,

que hacías volar mi inteligencia escondida entre Cantutas y retamas

supiste transformar en el horno del tiempo mi ser para la vida.

¿Quién lo diría maestro…?

¡Aún las cuerdas de tu voz me vibran sabiduría!

haciendo estremecer mi alma,

cada vez que se recuerda niña.

                               María Puccio

05 de Julio del 2021

 

viernes, 7 de mayo de 2021

En tu pecho


Siempre en tu Corazón me sostienes. Con tu calidez me acoges para que mi fatigado y cansado ser, repose y se serene

Sostenme Pétalo Puro, sostenme, que gimo entre tus caricias  lo cercenado con silenciado llanto.

María Puccio.


 

lunes, 5 de octubre de 2020

Irrumpiste en mis sueños

Tus quebrantos irrumpieron en mi sueño

develándome tus temores,

tus congojas de orfandad.

 

Cómo, sin romper tu mudez por los que te lapidaron,

dormiste destellos.

 

Cómo tus sudores nocturnos

depositáronse en las fosas

de los huesos quebrantados

de tu rosal y clavel amado.

 

Te presentaste transformada en huracán

entre tu media sonrisa

e implacable

mirada penetrante.

 

Te recordaste,

sin llanto,

misteriosa en silencio,

en el sordo y mudo silencio

que,

en las garúas de julio,

cuando no era Verbena

se hacía Huarango.

 

Fatigada, fugaste

entre tonderos.

 

Volaste huérfana, 

Huerequeque,

en el desierto de mi sueño.

 

 

A mi madre

María Puccio


domingo, 2 de agosto de 2020

Viajé

 En el transcurrir de los viajes por el tiempo,

llegué al puerto del cansancio.

Me esperaban frondosas Denizias Excelsas,

que tupidas llamaron a la noche

 para que cale hasta mis huesos.

Entre las sobras

de los rápidos batido de las alas de Águilas nocturnas

sucumbí al descanso.

Desperté entre el cielo y el mar,

con mis mejillas húmedas y saladas,

sobre el regazo familiar De la Estrella del Mar,

quien me transportó

a los días en que el Amor,

se expandía mientras sellaba mi llanto.

Pero fugaz… fue el tránsito.

Vi llegar desde el invierno al otoño

a la Luna de Nieve

que dio luz al bosque,

mariposas blancas y Tulipanes morados,

para que mi viaje por el tiempo

llegue al puerto del Amado. 

                                                                            María Puccio




lunes, 6 de mayo de 2019

Te llegó la noche justo poco antes de que llegase tu primavera



Te llegó la noche justo  poco antes de que llegase tu primavera, y con ella, como en un viaje sin retorno, tu consciencia  partió.
Sólo hay noche.
Por momentos, parece que la Luna se pasea por tu mundo dejando un rastro de tu luz en las adormiladas conciencias de los desamparados. Pero tú, continúas con tu agitada aventura.
¡Mira, que aún te invoco y te arrullo con nanas y cunas!
Cuando retornes de tu precipitado éxodo, puede que ya no esté. Por mí, habrán pasado algunos otoños privados del resplandor de tu estrella.
Por eso, ¡vuelve!, antes de que se pierda la fuerza de mi voz en tu consciencia.

María Puccio

Fotografía de María Puccio

domingo, 14 de abril de 2019

Porque naciste paloma


Naciste paloma,
pura como la nieve recién regada
sobre fértil llanura en donde la vida se escampa.

Cuando apenas alzabas vuelo
Vientos Paracas,
alcanzaron el despertar de tus endebles alas
transformarlas en frágil cristal.

Fisurada en tu alma te encontré.
El Arco Iris era insignia en tu pecho.

Cuando los polvos y los aromas de las falsas alegrías
arroparon  y atraparon tus  frágiles sueños,
en cenizas grises sucumbiste.
Rota y casi sentenciada a pena de muerte
te alzaste.
Erguiste tu cabeza en el Cosmos
 entre tenue amanecer de otoño,
aún apelando a la esperanza
retornaste al ciclo de la vida.

Ahora, en tierras fecundas te escampas
recordándote paloma,
transformándote para otro ser.

Así testigo me haces de la vida,
cerrando y abriendo ciclos
 de agonía y esperanza
dejando atrás el tiempo de aprendiz.

Tus alas Paloma,
una vez más al viento baten
doblegándolo en la gravedad y en la inclemencia.

María Puccio
Fotografía de María Puccio. 

jueves, 17 de enero de 2019

Mario Benedetti - A la izquierda del roble


Hermoso poema don Mario Benedetti, "A la izquierda del roble"
Comparto dos enlaces, el primero, con la letra de este hermoso poema, y el segundo, recitado.
https://www.poemas-del-alma.com/mario-benedetti-a-la-izquierda-del-roble.htm

A la izquierda del roble


No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
en el que uno puede sentirse árbol o prójimo
siempre y cuando se cumpla un requisito previo.
Que la ciudad exista tranquilamente lejos.


El secreto es apoyarse digamos en un tronco
y oír a través del aire que admite ruidos muertos
cómo en Millán y Reyes galopan los tranvías.


No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico siempre han tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa.


Después de todo el secreto es mirar hacia arriba
y ver cómo las nubes se disputan las copas
y ver cómo los nidos se disputan los pájaros.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes

ah pero las parejas que huyen al Botánico
ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
hablan por lo común de temas importantes
y se miran fanáticamente a los ojos
como si el amor fuera un brevísimo túnel
y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.


Aquellos dos por ejemplo a la izquierda del roble
(también podría llamarlo almendro o araucaria
gracias a mis lagunas sobre Pan y Linneo)
hablan y por lo visto las palabras
se quedan conmovidas a mirarlos
ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos.


No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero es lindísimo imaginar qué dicen
sobre todo si él muerde una ramita
y ella deja un zapato sobre el césped
sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede.


Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico


ayer llegó el otoño
el sol de otoño
y me sentí feliz
como hace mucho
qué linda estás
te quiero
en mi sueño
de noche
se escuchan las bocinas
el viento sobre el mar
y sin embargo aquello
también es el silencio
mírame así
te quiero
yo trabajo con ganas
hago números
fichas
discuto con cretinos
me distraigo y blasfemo
dame tu mano
ahora
ya lo sabés
te quiero
pienso a veces en Dios
bueno no tantas veces
no me gusta robar
su tiempo
y además está lejos
vos estás a mi lado
ahora mismo estoy triste
estoy triste y te quiero
ya pasarán las horas
la calle como un río
los árboles que ayudan
el cielo
los amigos
y qué suerte
te quiero
hace mucho era niño
hace mucho y qué importa
el azar era simple
como entrar en tus ojos
dejame entrar
te quiero
menos mal que te quiero.


No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero puedo ocurrir que de pronto uno advierta
que en realidad se trata de algo más desolado
uno de esos amores de tántalo y azar
que Dios no admite porque tiene celos.


Fíjense que él acusa con ternura
y ella se apoya contra la corteza
fíjense que él va tildando recuerdos
y ella se consterna misteriosamente.


Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico


vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
sólo de a ratos parecía
que iba avivir
que iba a vencernos
pero los dos fuimos tan fuertes
que lo dejamos sin su sangre
sin su futuro
sin su cielo
un niño muerto
sólo eso
maravilloso y condenado
quizá tuviera una sonrisa
como la tuya
dulce y honda
quizá tuviera un alma triste
como mi alma
poca cosa
quizá aprendiera con el tiempo
a desplegarse
a usar el mundo
pero los niños que así vienen
muertos de amor
muertos de miedo
tienen tan grande el corazón
que se destruyen sin saberlo
vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde
siempre un niño muerto
y qué verdad dura y sin sombra
qué verdad fácil y qué pena
yo imaginaba que era un niño
y era tan sólo un niño muerto
ahora qué queda
sólo queda
medir la fe y que recordemos
lo que pudimos haber sido
para él
que no pudo ser nuestro
qué más
acaso cuando llegue
un veintitrés de abril y abismo
vos donde estés
llevale flores
que yo también iré contigo.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
que sólo despierta con la lluvia.

Ahora la última nube a resuelto quedarse
y nos está mojando como alegres mendigos.

El secreto está en correr con precauciones
a fin de no matar ningún escarabajo
y no pisar los hongos que aprovechan
para nadar desesperadamente.

Sin prevenciones me doy vuelta y siguen
aquellos dos a la izquierda del roble
eternos y escondidos en la lluvia
diciéndose quién sabe qué silencios.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero cuando la lluvia cae sobre el Botánico
aquí se quedan sólo los fantasmas.

Ustedes pueden irse.
Yo me quedo.

https://www.youtube.com/watch?v=3ki7T-J0rNc&list=RD3ki7T-J0rNc&t=381

domingo, 7 de octubre de 2018

A Lima


Ay…, Ciudad gris.
Cuidad del cielo que juega a esconder al Sol y a la Luna.
¡Ay!, ciudad triste.
Ciudad en la que se agrieta la esperanza por afilados cuchillos que, cobardes surgen de voces que rompen los gemidos, con chispas rojas que aceleran el olvido.
Ciudad por donde se escapa sin tregua el aliento de la vida. Vidas, que sin pausa en la memoria a barrotes evaden, inconscientes de las cárceles que las secuestran.
Cuidad de áridas tierras, como áridos los nombres de algunos hombres, que escriben parte de sus turbias historias como los secos ríos, que de tanto en tanto se abren camino para recordarse vivos.
Ay…, ciudad amurallada por el moho, que sin viento, la humedad te corroe y cuyo olor de agonía me espanta hasta extremos de otras tierras, que con sus vientos de tramontana dejo que te lleven hasta el olvido.
Ay…, ciudad de la que me escondo para que no te hagas de mí. Cuidad que aún con abrigo te tirito entre tus húmedas estaciones, que decididas calan indisponiendo mis vísceras, secuestrándome para ti.
Ay ciudad, ¡Quién te llevase al olvido!, Si por tu olvido de mí, te vivo.

María Puccio

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Inquietudes


¿Cómo sembrar la vida
en el vicio de la necedad?,
¿en el vacío del silencio?
¿en la esquina dejada atrás?.
¿Cómo sembrar el amor
en la fragilidad de la pasión
atrapada en la litósfera?
Cómo sembrar…,
¿En la atmósfera que contuvo al tiempo?
¿Cómo?
Vuelvo.
Vuelvo a la inexistencia tu nombre,
a la ingravidez de tu mirada,
al fondo Oceánico de la esperanza.
Vuelvo,
tras sigilosa renuncia,
al alivio de la tierra y de la razón,
a ser mi centro
y  a ser Sol.

María Puccio
Fotografía de María Puccio

lunes, 17 de septiembre de 2018

Nos conocimos un día


Nos conocimos un día
en que los besos
viajan como el viento aún fresco
acariciando las moreras
que con inmaduros frutos,
su presencia hacían sentir.

Nos conocimos un día,
en la que tu voz
entonaba himnos y sentires de otros,
sin saber que así,
 me hacía suya
con cada uno
de tus tarareares.

¡Y cantaste precipitada primavera!,
despejando al sol
que oculto en sombrío día
nombres tomó,
para hacerse con el mío.

Ahora,
somos uno gorrioncillo,
y te llamo Gorrión,
porque tu canto
que al unísono se alzó
aquel día de finales de agosto
del año en que nos conocimos,
cautivó mi corazón
que aún solitario
se preservaba  para tu amor.

Nos conocimos un día,
en el que tu voz
alzada al unísono,
cautivó mi corazón. 

María Puccio
Fotografía de María Puccio

A los y las estudiantes de la  I.E ICHO.


jueves, 9 de agosto de 2018

Abrí las puertas


Abrí las puertas a los Trinos Solos

de los Yaravíes
que sin Tonderos lloraron los Tristes
en las fugas
de un truncado encuentro.

Abrí las puertas, a besos no habidos
y a noches de insomnios cóncavos.

¡Abrí las puertas…!,

Abrí las puertas,
a las miradas anochecidas,
de úteros negros,
jubilados
rendidos en el tiempo
y fundidos en el fango.

Abrí las puertas,
 a los llantos de las guitarras,
a los tums tums del Cajón,
que acompañaron
a los amantes desvergonzados
de vagones con distinta ruta y destino.
.
Y…,
¡abrí las puertas!
al hilo de la vida
contenida en un estómago,
para abrir las puertas,
a la infancia
que aún en cofre conserva
 la castidad y Resiliencia.


María Puccio
Fotografía de María Puccio