sábado, 15 de noviembre de 2008

ES POSIBLE RECUPERAR LA IDENTIDAD PERDIDA

Es imprescindible querer tomar el control de las emociones, sensaciones, sentimientos, estados de ánimo incluso mejorar el aspecto físico; para que la persona alcance ser lo que se proponga ser. Incluso retomar aquello que un día pudo haber sido y a lo que no llegó a ser, o que, lo haya sido y por diferentes circunstancias ajenas a ella, lo haya perdido. Para llegar a alcanzar el o los objetivos deseados, es importante que la persona realmente lo desee, lo quiera, lo sueñe y se lo proponga. Ello requiere, mucha fuerza de voluntad, constancia, perseverancia, fortaleza, valentía. Primero se han de valorar los estados: emocional, intelectual, físico actual de la persona. Seguidamente, se ha determinar lo que le afecta. Encontrar lo que le genera conflicto, determinar sus apegos, aspectos de su vida pendientes aún de resolver o posibles estados de duelo. Este es un trabajo muy íntimo, personal, comprometido y que requiere mucha compañía, especialmente de un profesional; en esta etapa de la reconstrucción o recuperación de la identidad, se requiere mucha autenticidad, sinceridad con uno mismo; de lo contrario, no funcionaría. En todo este proceso, la auto-percepción es la parte más difícil a la que se ha de enfrentar la persona. En muchos casos, la percepción de sí mismo, se encuentra contaminado de las opiniones de los otros, de la imagen forjada en relación a los auto-mensajes que haya interiorizado cognitivamente a lo largo de su vida. Por ello, a la hora de recuperar la identidad perdida, es imprescindible marcarse objetivos; objetivos concretos, que sean posible su ejecución, que se puedan replantear, organizados de menor a mayor grado de esfuerzo y compromiso consigo mismo. Los objetivos han de responder a la realidad de la persona, su entorno: social y cultura; y auto-recursos, los más intrínsicos que posea a nivel: físico, intelectual o emocional. Este es un trabajo que puede durar toda una vida. Es un trabajo que de desear la persona realizarlo sin compañía profesional, requiere en ella poseer una sólida madurez y equilibrio emocional, un nivel intelectual medio alto preferentemente con formación académica, con experiencia previa en éste tipo de reestructuración cognitiva y trabajo emocional a nivel psicológico de esta manera tendrá experiencia para tolerar el fracaso (cuando fracase en alcanzar el objetivo planteado), que posea una alta capacidad de auto-evaluación y auto-crítica, con gran flexibilidad para replantear los objetivos previamente planteados. Este es un trabajo frecuente y recomendablemente de dos: la persona y un psicoterapeuta. Pese a que el trabajo sea de dos, ha de durar un tiempo determinado según el estado en el que llegue al del inicio del trabajo la persona. Una vez concluido el trabajo de fondo, se suele realizar un proceso de seguimiento el que también dura un tiempo determinado, en función de la capacidad que tenga la persona de abordar nuevas experiencias o situaciones de conflicto. Pasado todo este tiempo, ya la persona puede seguir adelante en su tarea de reestructuración fortalecimiento de su identidad, ya que éste proceso pasa por etapas, pero dura toda, la vida, sobre todo el fortalecimiento de la identidad.
Isabel Gómez

2 comentarios:

Martha Cecilia Cedeño Pérez dijo...

Más que recuperar la identidad perdida, es necesario forjarla cada día con nuestros actos cotidianos, con nuestras ganas de luchar y de salir adelante, con todas los más y los menos que hacen parte de nuestra esfera vital. Encontrar nuestra razón de ser, aquello que nos hace sentir plenas, libres y fuertes..
Un abrazo inmenso para tí, amiga.

psicoisapecat dijo...

Marta, desde mi experiéncia, perdí mi identidad por someterme a diferentes experiéncias:la más fuerte la religiosa. De ahí salí físicamente enferma, espiritualmente vacía. Pasé a ser todo y nada a la vez, hoy sé lo que quiero, sé de dónde vengo y sé quién soy pero sobre todo sé a dónde voy. Puede que no sepa bién lo que quiero, porque saberlo es el proceso más largo e interminable que puede haber, pero sí sé lo que no quiero, que es la falsedad en el ser humano.
Isabel Gómez